Úlcera péptica

La respuesta Médica

Úlcera Péptica

El diagnóstico de padecimiento de una úlcera deberá ser realizado por el médico a través de un estudio gastroduodenal. Para ello, el paciente ingiere una papilla con un contraste que se hará visible en las radiografías el estómago y el duodeno, proporcionando una imagen de molde en la que se verá la úlcera.

Actualmente, se usa sobre todo la gastroscopia: se introduce a través de la boca un tubo (de fibra óptica) del grosor de un dedo, que nos proporciona una imagen directa del estado de la mucosa del estómago y del duodeno. Tiene la ventaja de ser más fiable y nos deja tomar muestras de la lesión y ver si se trata de una gastritis o un cáncer (que presenta imágenes similares radiográficamente). Además permite confirmar o descartar la presencia de una infección por Helicobacter Pylori, de gran importancia cara al tratamiento.

El tratamiento de elección dependerá de la existencia de infección por Helcobacter Pylori o no.

Si hay una infección, el tratamiento irá dirigido a eliminarla, mediante la administración durante dos semanas de una combinación de antibióticos y fármacos antisecretores gástricos.

Una vez finalizado, deberá comprobarse, mediante una sencilla prueba en el aliento (prueba que no puede emplearse para el diagnóstico inicial, al no ser demasiado precisa), que se ha erradicado la bacteria. Si esto se consigue, la mayoría de las úlceras curan definitivamente; si no se consigue, debe intentarse otra tanda de tratamiento, quizás con otra combinación de antibióticos.

Si no hay infección, el tratamiento de posibles factores causales (toma de antinflamatorios, estrés fisiológico o psíquico...) y la administración de fármacos antisecretores suele controlar los síntomas en pocas semanas, aunque en este caso no se puede asegurar la curación definitiva.

En ocasiones, la úlcera puede provocar cuadros de mayor gravedad y complicaciones que nos harán recurrir a la cirugía. En la actualidad se utiliza una cirugía menos agresiva, por disponer de medicamentos muy eficaces, no siendo necesario por regla general extirpar el estómago y obteniendo mejores resultados. Esto supone menos complicaciones que las que antiguamente implicaba realizar otro tipo de cirugía más agresiva.

El tratamiento farmacológico se acompaña de unos hábitos que eviten los alimentos más irritantes (como el café), el alcohol y el tabaco; no siendo preciso hoy en día el instaurar dietas estrictas.